Responsable de logística de la RFEV. “Cuando todo parece torcerse y conseguimos resolverlo, ahí es donde más satisfacción encuentro”
Quique coordina cada temporada el movimiento de material, equipos y personas para que los deportistas puedan centrarse únicamente en competir.
Hay trabajos que apenas se ven, pero sin los que sería imposible que todo funcionara.
Detrás de cada campeonato, concentración o cita internacional de los equipos de la RFEV hay una compleja red de transportes, reservas, material, presupuestos y planificación que debe encajar al milímetro. Y ahí aparece la figura de Quique Florencio.
Nacido en Santoña, con el mar como compañero desde la infancia, Quique es desde hace dos años el responsable de logística de la Real Federación Española de Vela, un puesto que exige disponibilidad permanente, capacidad de reacción y una gran dosis de flexibilidad para resolver problemas cuando aparecen. Porque, como él mismo reconoce, siempre terminan apareciendo.
“Soy de Santoña, un pueblo pequeño pegado al mar, a media hora de Santander, así que el mar lo llevo en la sangre desde siempre”, explica. Aunque actualmente vive en Santander, reconoce entre risas que tampoco pasa demasiado tiempo en casa debido al ritmo de viajes y competiciones que exige su trabajo.
A sus 32 años acumula ya más de 15 vinculados profesionalmente a la vela. Antes de incorporarse a la RFEV trabajó como entrenador y coordinador de escuelas en diferentes clubes y entidades, como el Club Náutico de Santoña, el Real Club Náutico de Laredo o la Federación Cántabra de Vela.
Su trayectoria profesional dio un giro cuando comenzó a trabajar en Ferrosite, donde descubrió el mundo de la logística desde dentro. Más tarde llegaría una experiencia que recuerda especialmente: su etapa en Suiza.
“Tuve la suerte de vivir allí trabajando para la SSL, coordinando eventos y formando parte del shore team. Fue una experiencia que me marcó bastante y de la que guardo recuerdos increíbles”.
Aunque oficialmente se incorporó a la RFEV hace dos años, su relación con el ente viene de mucho antes.
“Ya colaboraba desde la campaña de Río 2016 siempre que hacía falta. He pasado por campeonatos del mundo de distintas clases y siempre he sido muy fan de las clases rápidas, desde el iQFOiL hasta el Formula Kite o el Nacra 17”.
Mucho más que mover material
Cuando se le pregunta por su trabajo, la respuesta parece sencilla. Pero solo lo parece.
“Mi trabajo consiste en coordinar toda la logística de la RFEV: que cada movimiento de material se ajuste a presupuesto y plazos, gestionar reservas, organizar transportes… Básicamente que todo llegue donde tiene que llegar, cuando tiene que llegar y sin que salte ningún cable por el camino”.
Sin embargo, detrás de esa definición hay una realidad mucho más compleja.
“Lo que mucha gente no imagina es la cantidad de cosas que Xisco [Gil, director de preparación olímpica] pide… pero eso ya es otro tema”, bromea.
“Ahora en serio, mis compañeros y yo desempeñamos un papel mucho más amplio de lo que puede parecer. Desde fuera puede parecer simplemente reservar cosas o mover material por el mundo, pero detrás hay una coordinación constante con presupuestos cerrados, planificación y muchísimas personas”.
Y añade: “Ojalá pudiera pasar más tiempo sentado frente al ordenador, pero no es raro verme subido en una lancha cuando hace falta”.
Disponibilidad, adaptación y trabajo en equipo
Para Quique, la principal cualidad que debe tener una persona dedicada a la logística deportiva es la disponibilidad.
“No puede faltarte la capacidad de adaptarte. Cualquiera puede trabajar de ocho a tres y desconectar, pero nosotros necesitamos ajustarnos a los horarios de entrenadores y deportistas. Muchas veces su jornada coincide con entrenamientos o competiciones y tienes que estar cuando ellos pueden atenderte”.
También destaca la importancia del trabajo conjunto.
“Tenemos la suerte, o la desgracia según se mire, de estar constantemente moviéndonos por el mundo. Cuando surge una avería en mitad de Europa o un contratiempo de última hora, hay que reaccionar. Lo que más valoro es la colaboración de entrenadores y regatistas. Sin ellos sería imposible mover todo lo que movemos”.
La emoción de estar ahí
Cuando habla de los momentos más gratificantes de su trabajo, aparece inevitablemente el componente humano.
“Lo mejor es el contacto continuo con toda la estructura de la RFEV y ver que los deportistas consiguen resultados”.
Entre todos los recuerdos acumulados, hay uno que destaca especialmente.
“Poder estar presente cuando Flo y Diego lograron el oro junto a Álvaro en Marsella fue una sensación difícil de explicar. Haber podido colaborar, aunque sea en una pequeña parte del proceso, y ver después que llegan los resultados es algo muy gratificante”.
En el lado opuesto aparecen los desafíos más complicados.
“Sin duda, los problemas aduaneros. A veces una situación completamente ajena a ti puede alterar una planificación entera”.
Y añade con humor: “Bueno, y también el enfado de mi novia cuando contesto el teléfono a deshora”.
Pensando en Los Ángeles 2028
Con la mirada puesta en el próximo ciclo olímpico, Quique tiene claro cuál es su principal objetivo.
“Mi aspiración más inmediata es que los campeonatos clasificatorios para Los Ángeles 2028 salgan redondos, que los regatistas estén cómodos y puedan conseguir las plazas con todas las condiciones a su favor”.
Y cuando se le pregunta cuándo piensa aquello de “bien hecho”, tampoco tarda en responder.
“La verdad es que bastantes veces al día. Tenemos la suerte de trabajar con gente muy competente, desde el CEAR hasta los entrenadores, que responden de manera increíble”.
Aunque, en el fondo, hay una situación concreta que resume perfectamente su forma de entender el trabajo.
“Donde más satisfacción encuentro es cuando surge un problema importante y conseguimos resolverlo con el menor impacto posible. Esa sensación de haber minimizado el daño cuando todo parecía torcerse… esa es la que realmente vale”.